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Las funerarias de Zaragoza. Hasta mediados del siglo XIX los entierros no hacían uso de empresas funerarias como las de nuestro tiempo. Generalmente se realizaba el Capítulo de la parroquia correspondiente y se entraba al cementerio portando el ataúd sobre hombros. Cuando apareció el cementerio de Torrero se puso a disposición de los que quisiesen tres tipos de carruajes tirados por caballos. Estos coches mortuorios tenían un precio oscilante según su lujo y el número de caballos que tuviese. No obstante los límites estaban entre 8 y 32 reales de vellón. Los precios generales se establecían según la contrata que se tenía con el Ayuntamiento de Zaragoza. De esta manera, el 19 de junio de 1834 se celebró la subasta para el arriendo de la conducción de cadáveres. Marcelino Solá fue el que se la adjudicó hasta 1837. Los precios establecidos fueron los siguientes: -Cadáver
adulto con ataúd: Por supuesto estas cifras no constituyen precios totales ya que hay que sumar el precio de la sepultura y cuando se enterraban según parroquia oscilaba el importe según el caso. La diferencia con nuestros días no es comparable según la época aunque no suele ser nada barato enterrarse. Dos empresas quedan en nuestra memoria por su labor de carruajes: La Egipcia y La Económica. Famosa la primera por sus espléndidos coches que además ofrecían toda clase de servicios, no sólo los meramente fúnebres. Más tarde se creó una sociedad de cocheros que tomaría Don Emilio Alfonso y en la cual se integraba la citada La Económica. En 1885 se vio nacer a las funerarias como tales. Ese año apareció la primera. Se trata de la que llevaba Don Rudesindo Adorno y estaba situada en la conocida calle Alfonso I. Después se creó otra funeraria, la de Laborda, de manos de Don Santiago Laborda. Y más adelante las de Quílez y la de Cáncer. Estas nombradas fueron a la postre las más imperecederas hasta que se fusionaron, pues hubo otras compañías (La Pintado...) que fueron desapareciendo. La Funeraria Quílez fue fundada por Don Genaro Quílez, siendo esta compañía por cierto muy vinculada a la Organización de Ciegos. Dentro de ese grupo que a la postre formaron una, se enmarca también otra de ese fin de siglo XIX. La Funeraria Cáncer fundada por Don Faustino Cáncer y Cáncer apareció curiosamente después de traspasar en 1888 otra compañía fúnebre, la funeraria de D. Fernando López. Finalmente, el 26 de abril de 1948 se fusionaron las cuatro funerarias (Quílez, Laborda, Cáncer y Alfonso) dando lugar a la conocida Pompas Fúnebres Zaragoza. Ese mismo año, antes ya se había constituido otra empresa funeraria no menos emblemática, La Estrella. Sus padres fueron Cipriano Mata, Federico Moliner, Ricardo Usón, Antonio Ferraz y Bernardino Saqués. Más jóvenes son ya los nombres que hoy conocemos. Entre ellas las Pompas Fúnebres San Nicolás, fundada en 1982, El Paraíso y la llamada Apocalipsis. Mención también merece otra clase de traslado de cadáveres, los que nadie reclama. De ellos se encarga la M. I. A. Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Ntro. Sr. Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, o dicho de otra manera, la conocida cofradía de la Sangre de Cristo. Y puestos a portar el féretro merece también mención aparte toda la evolución de los sistemas de tracción en los que se conducía el ataúd. Antes hemos comentado que cuando apareció el cementerio de Torrero se crearon sistemas de carruajes tirados por caballos (que a la postre se convertirían en una sociedad de cocheros). Los carruajes podían llegar a ser muy lujosos, en algunos casos intentando ilustrar el remolque como si fuese una especie de altar. Dos, cuatro y seis caballos eran los que tiraban del mismo. Se entiende pues que según la ornamentación del carruaje costase más o menos dinero su servicio. La compañía de carruajes más conocida en su día fue La Egipcia. Estuvo emplazada en la calle Miguel Servet (nº 60). Con el paso del tiempo las cocheras que hubo en Zaragoza acabaron siendo traspasadas a las funerarias. Pero la tecnología evoluciona y se pasa de la tracción animal a la mecánica. Aparecen definitivamente los automóviles, es decir el motor. Al principio se intentó no perder el carisma de los viejos carruajes, por lo que se hacía a menudo era insertar en la zona trasera de los vehículos a motor el remolque que se usaba con los caballos. De esta manera quedaba una camioneta que unida al chasis llevaba detrás la estructura funeraria. Así, en septiembre de 1935 se autoriza definitivamente el uso de vehículos a motor. Y es que la llegada del coche como tal era cuestión de tiempo. El discurrir de las épocas ha hecho que los automóviles hayan evolucionado hasta convertirse en coches como tales pero con un habitáculo trasero diseñado con fines a portar féretros. Hoy en día, los carruajes fúnebres tirados por caballos sólo se ven, si surge, en entierros de personas muy importantes (gente de Estado, altos cargos sociales...). DIRECTORIO
DE FUNERARIAS OPERATIVAS EN ZARAGOZA
(CIUDAD) EURO
STEWART ESPAÑA, S. L. |
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