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El día de Todos Los Santos en el cementerio de Torrero |
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El día clave cristiano en el que la ausencia de los que no están con nosotros renueva nuestros sentimientos hacia ellos. El día primero del mes de noviembre se celebra el Día de Todos Los Santos. Es una tradición cristiana que recuerda a las personas fallecidas y que junto a los Fieles Difuntos del día dos de ese mismo mes, hace que por una vez los vivos se acuerden de los que no están y les rindan pleitesía. Los cementerios son el receptáculo por antonomasia de esta tradición. Días antes de esta festividad las personas comienzan a limpiar tumbas y lápidas y engalanarlas con variedad de flores. El ajetreo de vivos es constante en los cementerios. Al caer la noche del día uno de noviembre, los cementerios quedan iluminados por las velas que prenden ante las lápidas. El de Torrero es un camposanto moderno y de ciudad, y no es tanta la cera que arde como en otras localidades de España iluminando la noche por sí misma. Pero es un buen momento y a pesar de la superstición que dice que si estás en un cementerio la noche de Todos los Santos descubrirás muertes futuras, es el momento, quizás en la hora bruja, donde el Reino de las Tinieblas agradece que por lo menos un día al año nos acordemos de ellos. Todo comienza días antes de la fecha clave. Los vendedores de flores se van colocando en la Avenida América hasta hacer un recorrido floral que termina en la zona antigua del cementerio. Los puestos de flores copan las zonas próximas a esa parte de la necrópolis. Hacia la entrada moderna el espacio es menor pero permanecen en pleno florecimiento las casetas de venta de flores de Dña. Cristina Villafranca que son los únicos puestos de flores fijos del cementerio. De hecho cuentan con un almacén en las dependencias externas junto al cementerio antiguo. Los visitantes del camposanto hacen gustos a toda clase de flores, de eso se trata. Estos días brillan con luz propia las flores naturales frente a las artificiales que intentan embellecer la mayor cantidad de tiempo posible. Desde muchas calles antes, las personas hacen cola en las paradas de los autobuses urbanos, especialmente puestos para estas fechas. Se diferencian estas personas fácilmente. Los ramos que llevan les delatan y por desgracia la edad. Algunos padres reciben la ayuda de sus hijos en el arte de no olvidar a los ausentes. Los jóvenes no frecuentan los cementerios estas fechas. Sólo el día de Todos Los Santos se ven parejas que al atardecer pasean cogidos de la mano entre la muchedumbre. La chica se agarra a su novio mientras se paran atendidos por el reclamo de una vela o una flor que precede a una tumba de interés. Hasta la Muerte entiende de amor. Quizás porque el amor auténtico trasciende nuestras vidas. Otros jóvenes sí que permanecen en el camposanto todo el día en busca de una propina por limpiar lápidas. Los chicos de la escalera son una estampa habitual y necesaria. A voz en grito ofrecen sus servicios que no quedarán ausentes en la época que más visitantes recibe el cementerio. La labor de estos jóvenes está permitida oficialmente pero no escapa a la picaresca el uso que a veces hacen personas no autorizadas de las escaleras que se ponen a disposición. Dado que las manzanas modernas de nichos cuentan con escaleras de pisos, este característico servicio sólo se ve en la zona antigua. Las últimas ampliaciones son más urbanas, como una ciudad de los Muertos. En esta festividad hasta es necesario poner agentes de la ley para controlar el tráfico. Dentro y fuera del camposanto la circulación de vehículos es atroz. Lenta pero fluida hay una constante procesión el Día de Todos Los Santos. La buena salud, sin lugar a dudas, merece ir a pie. Y por si acaso siempre hay equipos de atención médica. Quizás por los tropiezos de la gente, quizás por la salud de las personas que acuden a esta última morada. El año 2000 hasta se tuvo a bien instalar un hospital de campaña junto al Complejo Funerario. Era inusual verlo, hasta las autoridades políticas saciaron esa curiosidad de ver una pequeña nave de lona preparada para lo que hiciese falta. Estos días todos los gremios que operan en el cementerio trabajan a pleno pulmón. Las brigadas de mantenimiento se mezclan con la gente porque es necesario limpiar a fondo y cortar las hierbas, adecentar el suelo y en otras épocas del año hasta fumigar. Las oficinas de la zona antigua abren mañana y tarde para situar a la gente cuando no sabe dónde están sus familiares. No es que los ausentes se den paseos, que hay quien dice que los ha visto, sino que a veces se cambian debido a obras o vaciados de nichos. El Complejo Funerario nota la presencia de gente desde luego, pero la Muerte no sabe de fechas y como dice la tradición India Norteamericana hasta "hoy es un buen día para morir". Los únicos que no modifican substancialmente su horario son los porteros. Antonio, el golero de la entrada antigua, que ya tiene en su haber bastante más de dos décadas de trabajo en la Ciudad de Los Muertos, se contenta con ver el enorme ajetreo de los que entran y salen. El día de Todos Los Santos la afluencia es tanta que en la zona antigua ponen divisores para canalizar los ríos de gente. Por ese caudal humano se ve al grupo de gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza rindiendo pequeños homenajes a determinados ausentes que en su día fueron alcaldes. Todo comienza con un breve oficio cristiano en la Fosa Común presidido por el Arzobispo de Zaragoza. El alcalde de la ciudad y el concejal delegado de cementerios son los encargados de colocar una corona de flores en el breve recorrido que se hace este día de recuerdo. Flores y un minuto de silencio para los ausentes, es el ritual que cada año este día hace el gobierno elegido. Otras zonas del cementerio no son cristianas y no notan este día. No porque sus religiones no tengan en mente a los ausentes, todo lo contrario. La desangelada zona musulmana, si es que algún ángel cristiano pasa por ahí, no recibe pleitesías. Para estos creyentes un buen momento para acordarse de los ausentes son las grandes fiestas como el Ramadán, entonces sí que van al cementerio o lo que se ve de él. La religión evangélica por el contrario es bien distinta. Su leit motiv no les induce a pensar como los cristianos cuando para ellos, sus ausentes, están ahí, bajo tierra, esperando a un nuevo día. También el Día de Todos Los Santos se rinde recuerdo no tanto como a los combatientes caídos en el bando Nacional de la Guerra Civil Española como al estamento militar que pone su pleitesía en las diferentes zonas reservadas a departamentos castrenses y sus ausentes. La capilla situada al final de la llamada "primera ampliación" es escenario de una misa. El otro bando, simbolizado también con los fallecidos por la democracia, recibe el recuerdo del gobierno del Ayuntamiento en el monumento emplazado metros antes de la citada capilla. A pesar de todo, estos días de pompa y circunstancia dejan al descubierto las tumbas que no tienen quien les llore. Afortunadamente hay almas caritativas que tienen a bien depositar flores para el ausente que no recibe recuerdo de los vivos. Otras almas van por encargo a limpiar tumbas para que el día clave, los familiares vean la lápida en buenas condiciones. Se debate en nuestra época entre tradición o bien quedar. Habrá de todo, pero es aconsejable visitar el cementerio en otras fechas del año. Los vivos se darían cuenta de muchas cosas. La tradición es acorde con la época. Los medios de comunicación nos lo recuerdan. Prensa, radio y televisión nos complacen al ver que nos acordamos de los ausentes. Las cifras hablan de miles de visitantes y días antes la prensa ya prepara a las personas para que sepan que no deberían tomar el coche y usar el transporte público en beneficio de unos substanciosos atascos que el barrio de Torrero asimila ya como algo propio de estas fechas. La policía municipal hace lo que puede. El Día de Todos Los Santos los agentes de la ley se dejan ver con agradecimiento. Estos días, el cementerio no es peligroso. Por lo menos de día. En el crepúsculo, la gente se va a pesar de que el camposanto permanece abierto hasta las 20:00 horas (unas doce aproximadamente). Pero a pesar de la modernidad de las últimas ampliaciones no hay muchas luces que iluminen el cementerio de Torrero. La noche cerrada deja ver un panorama fantasmagórico presidido por las escasas velas que se colocan en nichos y capillas. Los últimos vivos, colocan sus vehículos con las luces echadas enfilando la calle para iluminarles la faena. Silencio con poco ruido, mucho proveniente de fuera. En medio, el complejo funerario que vislumbra a los vivos a través de sus ventanales. Hoy también hay trabajo, hoy también es un buen día para morir. Al
día siguiente todo vuelve poco a poco a la
normalidad. El resto del año será así.
Soledad, lamento, poesía, romanticismo, arte y un
futuro prometedor como cualquier cementerio que se jacte. La
vida sigue hasta para los muertos. Las flores, igual de
perecederas, son sus testigos y amantes. Y mientras, la
Muerte se pasea de la mano de un niño. Quizás
ella una bella Dama Blanca, no se sabe bien, que no hay que
molestar a los ausentes. "La muerte a todos iguala". Hodie
mihi, cras tibi a la medida de una rosa misma hazme de aquél un traje, que en un prisma, ¿no? se ahogue, no, en un diamante fino. Patio de vecindad menos vecino, del que al fin pesa más y más se abisma; abre otro túnel más abajo tus flores para hacer subterráneos mis amores. Miguel
Hernández Homo
finit, opera manent. |
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