Nicho de Encarnación HERNÁNDEZ

Manzana 110, columna 167, 1ª.

Estamos ante otra impresionante muestra de belleza y cuidado funerario en un nicho común. La ocasión nos ha permitido inmortalizar esta sepultura precisamente la noche del Día de Todos los Santos. El engalanamiento es sublime y muy luminoso por cierto. En una costumbre, la de encender velas y cirios ese día que poco a poco se ve más escasamente. Dejando a un margen la pompa de ese día nos encontramos con uno de esos nichos plagado de recuerdos y miniaturas que podrían hoy asemejarse al ajuar que acompañará al desaparecido en otra vida, tal como ocurre con otras creencias. Es un buen ejemplo de recuerdo y cuidado. Recuerdo por el cándido homenaje que se le rinde y cuidado por la dedicación que requieren estos nichos. Fotografías, figuritas angelicales, miniaturas de enseres hogareños...

Las flores de ese día de Todos los Santos nos han permitido fotografiar esta sepultura en su máximo esplendor. Además es uno de esos casos de nicho a pie de suelo con lo que el diseño aprovecha para extenderse con gran variedad de flores. Y cuando estas no están se deja ver la porcelana que ilustra más si cabe el conjunto. Los adornos son de lo más variopinto, angelitos, dos zapatitos... y también las clásicas lágrimas de cristal seguramente bajo donde debiera haber un toldo de tela. Elemento este último que no es la primera vez que vemos ya.

El enterramiento conserva su esplendor todo el año. Con o sin flores, este tipo de arte funerario habla por sí mismo. Es decir, la belleza y el detallismo una vez más rompen afortunadamente con la monotonía industrial de este tipo de enterramientos. Lo cual demuestra, si el peculio lo permite, que se puede personalizar hasta donde se quiera el recuerdo funerario en un simple nicho.










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